miércoles, 29 de noviembre de 2017

DESPEDIDA RECTOR DE LA UIMP


DESPEDIDA DE CESAR

Tengo la suerte, en este acto de despedida al Rector saliente, de poder dirigirme a unas miradas, que después de callejear 3 años por los pasillos de la UIMP, yendo de despacho en despacho, son cada vez más queridas, para expresar, en nombre de todas ellas, mi agradecimiento a Cesar Nombela por su entrega y dedicación a esta Universidad durante los años que ha durado su mandato, que, como todo en esta vida nuestra, no ha podido resistir a la mordedura del tiempo. Pero, permíteme que te diga, Cesar, que nuestro agradecimiento no se debe sólo a los logros conseguidos en las tres líneas de actuación de la UIMP (Cursos, Español y Cultura y Postgrado), recogidas en las memorias anuales para actualizar lo que ya solo es un recuerdo, sino, fundamentalmente por el legado tuyo que permanece y se irá acrecentando en el futuro, porque su asiento no es la memoria, sino el corazón. Me refiero al ejemplo que nos has dado a todos de lo que se conoce como VIRTUD CÍVICA, esa disposición constante de anteponer los intereses comunes, el bien de la Institución y de quienes formamos parte de ella, a cualquier interés particular.

Esta actitud, que en esta sociedad nuestra, bastante desintegrada, brilla por su ausencia, al haberla visto encarnada en tu persona y en tu conducta al frente de la UIMP, ha dejado un principio activo en muchos de nosotros que, al recordar en el futuro estos años contigo, seguro que irá creciendo hasta llegar a consolidarse. En este mundo reivindicativo, en el que lo que priman son los derechos, utilizados a diestro y siniestro para exaltar el valor de la propia individualidad, contigo hemos aprendido que, sin una actitud humilde, que anteponga el cumplimiento del propio deber a todo lo demás, el discurso de los derechos no conduce sino al conflicto y la confrontación, y al deterioro de esa concordia que va unida al bienestar y la satisfacción de formar parte de cualquier proyecto común, como es éste de la Universidad Menéndez-Pelayo, que ya forma parte de la identidad de cada uno de los que contribuimos a que salga adelante.

En nombre de todos, Cesar, te damos las gracias, y te deseamos lo mejor en esta nueva etapa que ahora comienza.

                                                                                              29/11/17

LO QUE DIJO WALLACE


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domingo, 29 de octubre de 2017

TE VERÉ DESPUÉS


Cuando el día del Juicio resucite,
yo buscaré tu cuerpo
recién nacido, con rocíos nuevos
sobre tus senos, nuevamente vírgenes.

Habrá una aurora extraña dirigida
por jerarquías de arcángeles azules;
preguntarán los prados
¿qué es esta primavera milagrosa?

En la tumba de yeso
se moverán los cuerpos sonrosados,
la rama del ciprés será caliente
y la luna de enero tendrá alas en los bordes.

Tú vendrás toda nueva,
desnuda, con tus formas recobradas,
otra vez en tus venas vibradoras,
donde por mí tu sangre era de espuma.

¡Qué despertar!, qué fiebre de latidos,
qué nebulosa azul de corazones
palpitando otra vez;
sólo el mar ciego
continuará su canto sin sorpresa,
pero tú y yo enlazados
con nuestros brazos de resucitados;
con nuestras manos puras
que, enterradas, se habían olvidado
de cómo era la piel de la naranja,
nos haremos caricias encendidas
tú y yo solos,

y acaso,
distraída, me preguntes
¿qué son esas trompetas
que turban nuestro amor bajo los árboles?

                                                                        Agustín de Foxá

sábado, 14 de octubre de 2017

GUERRA, ALIANZA, ESTADO MUNDIAL



     No cabe duda de que el objetivo primordial de la llamada a una “alianza de civilizaciones” es la abolición del fenómeno de la “guerra”. La guerra es un término que se pronuncia a disgusto, pero creo que refiriéndose a ella es como se encuentra la clave para juzgar la viabilidad de esta propuesta.

Desde que el pasado del género humano es constatable hasta el moderno orden internacional de estados, la guerra está presente entre nosotros. Actualmente en forma de guerras locales, artificialmente limitadas por las grandes potencias, o como una posibilidad de guerra ilimitada, llevada a cabo con armas de destrucción masiva, por la cual la aniquilación de los habitantes de un país, o incluso de toda la humanidad, ha dejado de ser una visión apocalíptica, para pasar a ser una posibilidad de la acción humana, ciertamente descabellada, pero concreta y alcanzable.

La guerra, que nos estremece como forma sangrienta de realización de los fines del Estado, ha de considerarse, sin embargo, una adquisición en el transcurso de la historia. Es una institución generalmente reconocida, que se manifiesta en el mundo actual en el mantenimiento de ejércitos permanentes (anclado en el art 8.1 CE, en el caso español), y en la política de armamento. Como institución reconocida en vida interestatal, le es esencial que sea conducida conforme a determinadas reglas: la guerra no estalla, sino que se “declara”, es decir, es introducida mediante una ceremonia estatal, y la situación bélica, si no está planteada como una guerra de aniquilación, se somete a determinadas reglas, para concluir con una segunda ceremonia: el tratado de paz. Consecuentemente, en su significado tradicional, la guerra es una mera prosecución de la política.

Sin embargo, la historia de la guerra, desde las experiencias de la “época heroica” hasta el actual grado de perfección de la “época tecnológica”, puede parecer la historia de una progresiva decadencia hasta llegar a la más extrema perversión. La lucha, concebida como el acontecimiento en el que se miden las fuerzas de los combatientes, desaparece, y con ella, la idea de que en el combate el otro se me presenta como yo a él. Se quita, o al menos se aligera, la carga de tener que matar. Ya no deciden la victoria la valentía y la fuerza, unidas a la estrategia, el armamento y la fortuna, sino sólo la superioridad de los medios bélicos tecnológicamente perfeccionados, e incluso la aniquilación masiva de no combatientes (se ha afirmado que el lanzamiento de la funesta bomba atómica sobre Hiroshima fue vivida por la tripulación del avión B-29 Enola Gay como un número de feria).

Las posibilidades de futuro contenidas en esta situación se reducen a la hipótesis contenida en el Manifiesto Einstein-Russel, presentado en Londres en 1955: “co-existence or no existente”, según el cual, el sentido de la guerra queda vaciado de su fin político esencial. Con ello se abre la vía a las operaciones de mantenimiento de la paz y a las misiones humanitarias en las que se ocupan los ejércitos. Por ella, paralelamente, discurren intervenciones de controvertida legitimidad, como es el caso de Irak, que remiten a la pregunta: ¿en qué se basa una gran potencia o una alianza militar para intervenir en un Estado soberano con una identidad cultural y un ritmo vital autónomo? La única respuesta a esta pregunta que la razón y la conciencia pueden admitir ha de justificar que los invasores representan no a sí mismos, sino a la humanidad y al interés general del hombre. Esta convicción, sin embargo, no puede suministrarla el hecho bruto de ostentar el poder para intervenir, sino que ha de tomar en consideración las comunidades de fe y cultura –la diversidad de civilizaciones- que se supraordenan a las estructuras de poder y al modo de ejercerlo. En ellas rigen principios diversos, y con frecuencia no coincidentes, en los que se funda una existencia que se considera digna del hombre. Ello nos introduce de lleno en la cuestión suscitada sobre la posibilidad de promover una “alianza de civilizaciones” que sirva de punto de apoyo sobre el cual fundamentar un orden de paz duradero en el orden internacional de Estados, arrancando incluso las armas atómicas a los ingenieros  de la aniquilación.

Parece evidente que esta situación ideal de cierre de la guerra en el ámbito de las posibilidades de actuación humana exige la superación del Estado como forma dominante de organización humana en una futura sociedad total. Ello se debe a que en la vida entre los estados, si pueden establecerse relaciones pacíficas conforme a derecho, no se ve cómo puede crearse una seguridad incondicionalmente estable contra la ruptura del orden de paz en un conflicto de intereses vitales. Si la estabilidad de un orden de paz interestatal admite la menor duda, ninguno de los que participan en él destruirá sus armas, proscribirá su industria de armamento y hará decaer las ciencias de la estrategia y la logística. Sin la superación del Estado, la guerra seguiría siendo una institución públicamente reconocida, pues no bastaría la existencia de un grado de verosimilitud que despierte suficiente confianza, si de eliminar la guerra se trata y no simplemente de establecer un deber de contención.

La “alianza de civilizaciones” como instrumento de un orden de paz perpetuo exige su transformación en un Estado mundial y la unidad de gobierno mediante la renuncia de la pluralidad de estados a su soberanía constitutiva. Para imaginar y poder asumir como una meta digna de crédito esa monstruosa “monópolis”, su impulso sólo puede radicar en una voluntad común de la humanidad que mantenga la conciencia clara y activa de constituir una sola familia humana, por encima de la tradición milenaria de la que se alimentan las diferentes civilizaciones. Y esto es, precisamente, lo que se promueve con la llamada del Gobierno a una alianza.

A mi juicio, esta propuesta puede ser censurada por su “utopismo”. La amenaza de muerte, unida a la advertencia de transformar la conciencia política mediante una alianza mundial como condición para conservar la vida, no se dirige al individuo sino a la humanidad como colectivo. Ello presupone que el individuo ya es consciente de su solidaridad con la humanidad, que es precisamente lo que se pretende alcanzar. La llamada a la alianza presupone que la preocupación del hombre por sí mismo supera el ámbito de lo político, lo que repetidamente desmienten los atentados suicidas, y, de esta forma, utiliza el sistema de creencias del individuo como instrumento de la acción política misma, implantando un deber de solidaridad a fin de evitar la catástrofe política total. Con ello se desconoce la primacía del mundo de la fe y de la cultura que identifica a cada civilización y que está situado por encima del poder político estatal.

Es cierto que el hombre y la mujer pueden cambiar, y que esa transformación puede tener como consecuencia que le resulte imposible, incluso bajo amenaza, alzar la mano contra un semejante. El sermón del Bautista: ¡Convertiros! (Mt. Cap. 3), como también cualquier otra exhortación a filosofar o predicación que estimule las conciencias, se dirige a todos los individuos. Pero también, en otro lugar del mismo texto se indica: “el que tenga oídos para oír, que oiga” (Lc. Cap. 8, 8), y con ello se alude a unos pocos que son capaces de oír. La llamada a la alianza de civilizaciones aspira al ideal utópico de transformar la conciencia política del género humano en su conjunto, o si no, funciona como un velo retórico que pueda tapar un régimen de poder total que en vez de servir como refugio de paz de los pueblos, sea el monstruo, todavía inexistente, de un imperio mundial, peor en su tiranía que la denunciada por los visionarios apocalípticos con sus referencias a Babilonia, al reino de los medos y de los persas, o al dominio de los seléucidas y los romanos. Se presentaría una situación en la que sería dudoso que fuera preferible a la guerra, ya que el hombre y la mujer, si han de seguir siendo lo que son, habrían de rebelarse contra esa autocreada tutela, y la guerra continuaría existiendo en forma de contienda civil o de acción policial.


La viabilidad de la alianza de civilizaciones como programa para la paz impone creer en lo increíble, al contar, no con los hombres y mujeres de carne y hueso, sino con prototipos que no han llegado todavía a ser humanos. Concluyo diciendo que, por lo que hace a la paz, no queda más remedio que volver la mirada a aquellos que merecen el verdadero premio de la paz al haber convertido su sabiduría política en sabiduría protectora, y, en cuanto hombres y mujeres que piensan y actúan en la realidad de este mundo, se preocuparon más por la buena marcha y contención de ese “dios mortal” que es el Estado, al que, en palabras de Hobbes: “bajo el Dios inmortal le debemos nuestra paz y defensa” (Leviatán, II, 17). Sin embargo, parece que nuestros gobernantes prefieren acompañar al estribillo de John Lennon, cuando canta: “You may say I'm a dreamer / but I'm not the only one / I hope someday you'll join us / and the world will be as one”.

Guillermo Díaz Pintos
Publicado en El Día de Ciudad Real (3/11/2006)

viernes, 22 de septiembre de 2017

EL CIELO OSCURO

Acto de clausura del Seminario: La bóveda celeste como recurso científico, cultural, mediambiental y turístico

Cuarto Real de Santo Domingo. Granada (18 - 22/09/2017)

Buenos días:

      Se me ha asignado a mí asistir a la clausura de este Curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo sobre la Bóveda Celeste como recurso científico, cultural, medioambiental y turístico, dirigido por José Manuel Vilchez, con la colaboración de Alicia Pelegrina, secretaria del curso, a quienes agradezco, en nombre del Rector Cesar Nombela, haberlo promovido.

Cuando leí en el programa del curso que su principal objetivo consistía en ahondar en el conocimiento sobre la conservación y preservación del CIELO OSCURO, me extrañó, por mi ignorancia sobre la materia, que se pudieran emparejar ambos términos, pues siempre había considerado el Cielo como el lugar en el que resplandece la Luz Pura, al que todos aspiramos llegar después de atravesar las sombras que nos acompañan mientras transitamos por este mundo azacanado. Cielo y Oscuro me parecieron, de entrada, términos refractarios entre sí.

Sin embargo, reflexionando ayer, mientras viajaba hasta esta Granada la Bella, caí en la cuenta de que el CIELO OSCURO es, precisamente, la manifestación de LO ETERNO, de lo que resiste al trajín del tiempo que a cada uno le toca vivir.

Si hacemos un poco de memoria, cada uno podrá comprobar que su vida consiste en una mezcla de acontecimientos azarosos entre los que se intenta acomodar, para reconocerse en ellos a medida que va construyendo su propia personalidad. En mi caso, ¿Quién es Guillermo? sino una barca a la deriva en el proceloso mar del tiempo, en la que aspiro arribar a un puerto seguro en el que poderme refugiar, ya sin el temor a perder una identidad más o menos lograda.

Pero, entonces, miro al cielo estrellado y me encuentro con el MOVIMIENTO DE LAS ESFERAS ASTRALES, siempre igual y resistente a los avatares ligados al paso del tiempo. La dinámica de este movimiento lo reafirma, insistiendo en lo que es, sin amenaza de cambio ni alteración. Un movimiento perfecto, matemáticamente consolidado por Kepler. Desde el punto de vista semántico, FIRMAMENTO connota solidez, lo que tiene la suficiente consistencia para mantenerse, de manera que el tiempo pasa, pero a él no le toca ni lo cambia.

Por eso, los primeros filósofos fueron astrónomos, porque descubrieron LO INTEMPORAL en el cielo estrellado, en donde, según ellos, habita la Verdad que fundamenta la existencia del Cosmos, que denominaron physis y está ausente en la Caverna, en ese oscuro flujo temporal en el que se desenvuelven y se desvanecen nuestras vidas. Para Platón las ideas tenían un topos, al que llamó URANOS. El lugar de la Verdad era para él el lugar celeste, y, más recientemente, a Kant dos cosas despertaban su admiración: “el cielo estrellado fuera de mí y el sentido del deber que está en mí”.

Con estas reflexiones, durante el viaje que me ha traído hasta aquí, me he convencido de la necesidad de conservar y preservar el CIELO OSCURO, dos términos que han dejado de oponerse entre sí, como pensaba antes de venir, y que ha sido el objeto de este Curso, pero no solo como recurso económico, turístico, patrimonial y científico, sino, además, como una necesidad existencial para aliviar, contemplándolo en el silencio y la oscuridad de la noche, esa melancolía que a veces nos inunda ante la dificultad de alcanzar la plenitud que esforzadamente buscamos durante  el transcurso de nuestra vida en el tiempo.

Termino reiterando mi agradecimiento al director ya la secretaria del Curso por su organización, con la intervención de destacados ponentes, a la empresa de educación y turismo científico Azimuth por su inestimable colaboración, y a todos Vds. por su participación, que espero haya enriquecido sus conocimientos y abierto líneas de colaboración en el futuro.

A continuación procederemos a la entrega de sus merecidos diplomas de asistencia y, con ello, queda clausurado el Curso.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Retos para un nuevo humanismo


Acto de Clausura de la IV Escuela de Humanidades, Metafísica y Mística “Fernando Rielo”. Retos para un nuevo humanismo. Pensamiento, Arte y Educación (21/07/2017)

Buenas tardes:

Comparezco ante Vds., a la vera de Mons. Manuel Sánchez, Obispo de Santander y compartiendo mesa con mis queridos amigos Juana Sánchez-Gey, directora de la Escuela y el Sr. D. Jesús Fernández, Presidente del Instituto ID de Misioneros Identes, debido a un contra-tiempo que ha impedido que el Jefe de Gabinete del Rector esté aquí para clausurar el Encuentro, como inicialmente estaba previsto.

Les ruego, por tanto, que se muestren benévolos con lo que, improvisadamente, les diré, con el programa de este Encuentro sobre Los retos de un nuevo humanismo recién leído, un tema que habrá sido abordado a la altura de su importancia y complejidad por todos Vds., y al que poco podré añadir a lo que aquí ya se haya dicho.

A mi modo de ver, el “humanismo” consiste en el encarrilarse del hombre y la mujer en un proceso orientado a la conquista de la propia identidad y a lograr el desvelamiento y la posesión del propio ser que, a diferencia del resto de las especies animales, no hemos recibido al completo. En otras especies los individuos están definidos de antemano por su condición específica, pues es evidente que ningún perro aspira más que a la “perrez”, y la “perrez” es lo que lo identifica sin residuo y da sentido a todo su comportamiento. Pero en el caso del hombre, el sujeto necesita conocer y seguir unas disciplinas, a las que denominamos “humanidades”, para poder alcanzar nuestra característica “humanidad”, porque aunque tengamos una experiencia cierta del “yo”, en ella no se agota lo que cada uno es, como lo demuestra la frenética e incesante actividad para alcanzar objetivos que apaguen nuestra inagotable ansia de felicidad, muy distinta al simple objetivo de estar satisfecho, que es lo propio del animal. Parece que el simple hecho de ser hombre o mujer no es suficiente para nosotros, como ser gato o perro sí lo es para los afortunados individuos de estas otras especies, tan animales como la nuestra.

Y creo que en el espíritu que anima a los Misionero Identes se encuentra la clave para alcanzar la plenitud que no encontramos en este mundo, como sí la encuentran los demás seres vivos que pueblan la Tierra. Esta clave consiste en el convencimiento de que el fondo del corazón humano comunica con un Origen trascendente de nuestro ser, que por ello recibe la calificación de lo sagrado, lo santo, el absoluto o fundamento, y que la progresiva fluidez e intensidad en esta comunicación es lo único capaz restaurar el déficit existencial de integridad que tanto nos azacana e inquieta. El humanismo se manifiesta, entonces, en un proceso temporal interno de liberación de nuestras adherencias al mundo en que vivimos, constitutivas de identidades ficticias, para dejar fluir sin restricción en el núcleo humano que nos constituye la corriente de Amor Cósmico que está en el origen lo creado. La consecución de la humanidad, consecuentemente, está a un nivel distinto de la consecución de la “perrez”, pues es paralela a la participación en la dinámica de un Don que lo fundamenta todo, cuyo modelo es Jesucristo, que nos abre cada día el regazo de un Padre común. En este regazo es donde desciframos nuestra auténtica identidad, y recibimos esa piedrecita blanca con un nombre nuevo grabado, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe (Ap. 2:17).

Solo me queda expresar mi agradecimiento a todos Vds. en nombre de la UIMP por su participación en este Encuentro, a su Director y al Secretario por promoverlo y organizarlo y a la Fundación Fernando Rielo por haberlo hecho posible. Espero que les haya aprovechado y que haya suscitado líneas de trabajo y de colaboración para el futuro, y que tengan la oportunidad de volver a este lugar privilegiado, enclavado en la Península de la Magdalena en Santander, para seguir compartiendo sus conocimientos y mejorarlos poniéndolos en común.


Procedemos a continuación a la entrega de sus merecidos DIPLOMAS y, con ello queda clausurado el Encuentro.